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A mí también -como a López Vigil- me sigue gustando el café y sobre todo ese que se toma a las cinco y media de la mañana, justo antes de comenzar el programa “Buenos Días Carranga”, en la emisora Radio Semillas de Tibasosa, Boyacá, algo así como una revista para comenzar el día o “abrir programación”, la cual he dirigido y presentado gran parte de los doce años que lleva al aire. Y sólo ahora al releer el texto, aparecen las similitudes: aquí se comparte y se toma el tinto con los públicos, uno se sienta un rato en su cocina, saborea sus preparados, el changua, el aguadepanela, la arepita y por supuesto el tradicional caldito de papa. Uno se despierta y se despereza con ellos, incita el saludo, la conversa y hasta las angustias de saber que nos está “cogiendo el tarde”, así sepamos que “al que madruga Dios le ayuda”.
Entonces la lectura me va aterrizando, pero me lleva por otros campos, pues en un recorrido ligero advierto que durante muchos años, en distintos escenarios y por todas partes hemos desperdiciado ese encanto del diálogo, esa magia que es capaz de traducir en real una radiorevista bien estructurada, pensada para nuestros públicos, con conversas cotidianas, música para acompañar el aliste antes de salir a trabajar, consejos, avisos, concursos y mil cosas que tenemos por contar y que podemos entablar en esa relación que propone José Ignacio, el de las cuatro flechitas: dos que conversan entre sí y que a su vez conversan con las audiencias, que hablan en segunda persona porque visibilizan al oyente, lo ven en carne y hueso y lo hacen parte de la revista.
Digo esto, porque claro -como en muchas partes o en todas- estas radios han tenido y tienen el famoso programa de la mañana, quizá el que reporta las mayores audiencias, pero en el que todo se vuelve primera y tercera persona, la hora y muela música. Si nos detenemos un instante, aquí lo que hay es un gran abanico de posibilidades para alimentar estos espacios tan mal usados, porque me parece que el problema radica en que nos hemos conformado con el mismo sabor del café y no hemos probado sino el de cierta marca o el de alguna cocina, pero es necesario explorar otros fogones, “en la variedad está el placer”.
Lo cierto es que desde los tiempos de las “clandestinas”, “ilegales” o “piratas”, estos programas, tal vez sin saber que podrían llamarse radiorevistas, han estado presentes en cada nuevo amanecer, con nombres muy parecidos, es decir que conservan aquello de ser parientes o copias. Su estructura igual: saludo, música, hora, avisos, música, algunos avisos, música, otros avisos, música, más avisos, cumpleaños, música y una sola voz que se echa todo el cuento, porque no hay nadie más que se le mida a la madrugadita, o es el que sabe cómo es la cosa, o es el dueño de la emisora, o es el que siempre la ha presentado y “más vale pájaro en mano, que cien volando”. Mejor dicho, para qué más café…
Volviendo a mi experiencia, en el programa se reconocen secciones, temas, concursos, participación con carrangacartas, papelitos, teléfono y hasta radioteléfono en una época, en fin, una serie de elementos que le dan sentido al espacio, los cuales juegan muy bien con las propuestas que hace López Vigil y que funcionan muy bien porque el público siempre está a la expectativa de que lo toquen, lo seduzcan, lo inviten, le hagan sentir ganas de pasar por la emisora o escribir aunque tengan que “perdonar la letra y la ortografía”, pero no podía quedarme sin hacerles saber que soy una fiel oyente.
No hay pareja en estudio. Hay otra pareja: conductor y público. Hasta ahora ha funcionado, sin embargo se debe intentar la propuesta de José Ignacio, una pareja en diálogo permanente entre ellos y con los oyentes. En horabuena esta excelente taza de café que pude compartir, porque siento que podemos fortalecer los espacios que abren la programación, acomodarle otras secciones y seguir con este canto, pregón y sueño, con este compromiso con el arte popular. La apuesta serían dos conductores, pero si en última no se puede, me uno a lo que dice Veloza: el baile es cuestión de ganas y si las viejas no quieren, pues sólo también se baila y abran paso que ahí voy yo… |