Radios Ciudadanas

Radios ciudadanas

Espacios para la democracia

 

Don Pedro se levanta con las primeras luces del día, se echa la bendición y prende la radio que lo saluda con “buenos días carranga”, una copla, unas cantas, uno que otro aviso y los homenajes de cumpleaños. Rutinas de radio: se prende, se escucha, se cambia, se apaga. Los mismos sonidos, las mismas músicas, las mismas voces, oyentes, costumbres y apegos a lo cotidiano, a “lo mismo que siempre…”

Cierto día se metieron en el transistor otras palabras, otras voces, unas apuestas distintas que desentonaban con lo que el oído esperaba. Las llamaban RADIOS CIUDADANAS y llegaban sin mucho aviso, para ir sonando como espacios de opinión, análisis y discusión, con temáticas locales que se estrenaban en la emisora y con nuevos productores que se asomaban en el escenario para tocar lo que parecía intocable, para visibilizar lo que estaba pero ni se miraba y sobre todo hablar de lo que podría considerarse como un asunto ajeno a la radio.

Así Pipe, Juliana, Andresiño y Juan  Carlos - de una parte - además de su programa meramente musical, ahora se iban por las calles, hablaban con adultos y jóvenes, hacían reportería por aquí y por allí para llenar el espacio de otros contenidos, con charlas frescas, música argumental y testimonios de la vida del pueblo. Un programa sin formato, o con muchos formatos, un producto donde sus voces se atravesaban con muchas otras que estaban por fuera del estudio, que ponían en lo público sus intereses, sus gustos y sus propuestas para intentar mejores posibilidades de vida.

 

Y de otra parte, Stella, Luis Miguel, Paola, Javier, Claudia y Marilce se la jugaban con otras sonoridades. Radios ciudadanas se anunciaba con una copla, con un pequeño dramatizado, con un relato, con una pieza musical o con un simple saludo cargado de metáforas o comparaciones para “entrar en ambiente”. Y se experimentaban los formatos, ora que unas CONVERSAS con los paisanos para sacarles sentires, apuestas y discutir sobre las temáticas que nos afectan, las que están mal, “pudiendo ser mejores” y aquellas que hacen parte de nuestras identidades. Ora que unas ROMERÍAS para ir por las comunidades, para provocar el deleite de la conversación espontánea y hacer visibles esas cosas que se sienten y a veces nos hay lugar para decirlas. Ora que el espacio habitual, el de estudio, con tres o cuatro que se echan la carreta, entrevistan, analizan y opinan, mientras van conjugado una canción, una cuña, una promoción o “esto que alguien nos dijo”.

Son las RADIOS CIUDADANAS, espacios para la democracia, que se aparecen en las emisoras comunitarias de Boyacá, con otras sonoridades y con una agenda local propia, por donde pasan temáticas que van desde los usos y abusos de los espacios públicos, el tiempo libre, los adultos mayores, las basuras, la educación, la salud hasta las identidades, gastronomía, tradiciones y las maneras de ser y encontrarse en el pueblo. Asuntos que se tocan con la palabra, que se mueven con las músicas propias y se armonizan con los dichos populares y con el encanto de una copla.

Son franjas que de Boyacá en los campos llegan a los hogares, a tempranas horas del día, que abren un escenario, una escuela para nuevos hacedores de la radio donde es posible experimentar en propuestas y productos radiofónicos. Son espacios que refrescan la programación de las emisoras comunitarias y le dan voz pública a las comunidades, una manera más cercana de propiciar participación.

Don Pedro, desde su rancho, quizá continúe en su rutina, con la compañía cotidiana de la radio, esperando su música y las voces acostumbradas. Algún día podrá escucharse así mismo, romperá el mito del oyente para entrar en sintonía con el radio ciudadano, descubrirá que tiene voz y muchos relatos para ser puestos en el ambiente mágico de la emisora del pueblo. Amanecerá y oiremos…